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No hace falta ser artista para concebir arte. Late en cada uno de nuestros sueños. Pasen y vean, la gente más común del mundo dando lo mejor de sí­, sin proponérselo. Expresión pura libre de modismos y tendencias. Un refugio para todos aquellos que saben que la mejor moda es ser uno mismo. Sentite invitado a participar, mandando tu material a sosquiensos@yahoo.com.ar.

jueves, septiembre 02, 2004

Historia de traición y arrepentimiento

¿Debía ser así? La pregunta volvía una y otra vez a su mente. Y el repaso de su pasado lo llevaba siempre a la misma conclusión: sí, era así como tenía que ser.

“Mañana será el día”, pensó, y una súbita paz inundó su espíritu y lo empujó al sueño.

***

Al otro día llegó adonde debía ir y dijo lo que tenía que decir:

Yo te traicioné. Nunca tuviste dobleces conmigo, siempre fuiste tal como eras, sin trampas. Jamás me ocultaste tu verdadero rostro. ¿Cómo pude ser tan ciego? Pero he recibido lo que merecía. Yo también fui traicionado. Yo te abandoné, y me abandonaron. Sólo en vos encontré algo que fuera valioso y perdurable al mismo tiempo, pero miserablemente me aparté de vos para ir detrás de una ilusión. Y esa ilusión, esa otra mujer, después de prometerme todo me dejó sin nada. Es justo porque antes fui yo el traidor.

El viento frío atravesaba el aire limpio y le llevaba sus palabras, pero ella permanecía expectante, sin decir nada.

El se quebró bajo el peso de mil años de dolor y arrepentimiento. Cayó de rodillas, sus lágrimas se mezclaron con la nieve recién caída sobre el circo glaciar en el que se encontraba, rodeado de laderas abruptas e inclementes.

¿Podés perdonarme? Vuelvo a vos arrepentido, sin ningún derecho, a pedirte, a implorarte que a pesar de mi traición me des otra vez lo que siempre me diste, lo que no supe ver. ¿Me vas a llevar con vos para que por siempre pueda hallar mi refugio en vos, para que mi alma encuentre su descanso y olvide el dolor, para que nunca más me aleje de lo que siempre fuiste y me ofreciste?

El viento callaba. Por un instante sin tiempo todo permaneció en silencio, y luego ella contestó. Sobre las poderosas torres de los séracs, más allá de los abismos de roca y de hielo, sobrepasando la cumbre orgullosa y nevada, resonó la voz de la montaña. Por los canales de avalancha excavados en la piedra y el hielo invencibles de la pared, rodó un trueno tras otro, cada vez más cerca.


El Yeti