¿sos quien sos? >> sosquiensos.com.ar

No hace falta ser artista para concebir arte. Late en cada uno de nuestros sueños. Pasen y vean, la gente más común del mundo dando lo mejor de sí­, sin proponérselo. Expresión pura libre de modismos y tendencias. Un refugio para todos aquellos que saben que la mejor moda es ser uno mismo. Sentite invitado a participar, mandando tu material a sosquiensos@yahoo.com.ar.

miércoles, agosto 04, 2004

La Carta Que Nunca Vas A Leer

Para todos los que pidieron que escribiera algo. Espero estar a la altura de las circunstancias. Gracias por el tiempo.


El mundo entero se volvió mudo a tu alrededor. El único sonido que te importaba, sin embargo, era perfectamente audible, aunque no pudiera escapar de tu cuerpo. Tu corazón vuelto la percusión acompañante de tu búsqueda, tu cuerpo entero concentrado en tus pequeños pies.

Por eso mismo, un rayo de satisfacción atravesó tu cuerpo cuando tus dedos atraparon la tela que tan lejos quedaba hace unos instantes. Sabías cómo hacerlo, desde pequeña practicaste para ser la mejor. Se puede distinguir en cada uno de tus movimientos, hasta en tu mirada. No podrías evitarlo. Siempre deseé aprender a cerrar los ojos para ver mejor. Cómo no reconocerlo inmediatamente, entonces.

De cualquier manera, toda la filosofía de bar de la que acabo de hablar no pareció ser de interés para el resto de los presentes, que preferían mirarte boquiabiertos mientras tu cuerpo se contorsionaba en el aire, envuelto en verde. Tengo que admitirlo: la manera en que tu cuerpo atrapado en violeta flotaba en el aire, conseguía robarle el aliento a más de uno. Anche io. Yo mismo había quedado hipnotizado por la manera en que parecías mirarme cada vez que levantabas la cabeza, por más que supiera que no tenías la menor idea acerca de mi existencia, ni siquiera de mi desesperada necesidad de grabarme en la retina cada centímetro de tu cuerpo, cada curva, cada gesto, cada sonrisa. Mientras tanto vos, boca abajo, seguías desafiando leyes, ya fueran las de la gravedad, o las que tanto habían funcionado para protegerme de enamorarme inmediatamente de la primer persona que tuviera la desgracia de cruzarse conmigo.

En tu desafío seguías, como si nadie te estuviese viendo. Tus moviemientos eran cada vez más complicados, las telas te tenían fuertemente atrapada, una telaraña de jade que no te dejaba escapar pero tampoco te dejaba caer. Pero.....todos saben qué les sucede a las moscas cuando una araña decide que está invitada a cenar.

Aunque nunca lo hubieses pensado, esta vez te tocó fallar. Un movimiento en falso y todo lo que estabas haciendo derivó en un tenue intento por dignificar una caída inevitable. De golpe, el Cielo se volvió Tierra y te encontraste mirando tus manos sucias, quizás en busca de una explicación, quizás para evadir las miradas de la gente, quienes de golpe, presas de la sorpresa, recordaron el placer del circo romano: ver que el héroe puede transformarse en mártir mientras el público sigue aplaudiendo.

No esperaba que se te ocurriera en ese momento recorrer con los ojos el pasto que conducía a mí. A mis ojos que brillaban con una fuerza que pensaba olvidada; a mis labios, que sonreían tan solo para que si llegabas a mirarla, aunque fuera por un segundo, obtuvieras la respuesta que merecía tu búsqueda.

No quiero mentirte, pero mi orgullo no me permite pensar que nada pasó. Lo que cambió mi vida por un pequeño instante, toda tu belleza manifestada en tu fracaso y tus deseos de seguir. Algo tan sencillo de decir pero que me cuesta horrores. Espero que nunca lo sepas. Que nunca sepas
que ando buscando recuperar la fuerza que nunca tuve. Probablemente tenga suerte, si puedo llamar a eso suerte, y me flaqueen las fuerzas para hablar, más todavía para que tengas noción de mí.

¿ Quiero realmente que te enteres ?

¿ Cuánta de la magia que me enamoró sos capaz de retener en el momento en que te vuevas real, y no más un sueño de domingo ?

Creo que esta vez mi orgullo me permitió transformarte en algo en qué pensar mientras veía caer el Sol contra el agua calma del río. Tal vez solamente existas para recordarme lo bello que es sentir en carne propia la vida.

Y por eso mismo, tal vez fallé en lo único que me tocaba hacer en esta vida. Sólo mostrarte la misma belleza que vos no sabés que poseés. Esta vez fallé. En el fondo espero que, en medio de tu desazón por haberte caído del trapecio aquella tarde, hayas tenido tiempo para ver a un hombre sonriéndole al Sol, de cara al Río, y la sonrisa que tanto amo en vos haya podido aparecer nuevamente, para flotar en el parque hasta que vuelva a buscarla, en la próxima tarde fría de invierno.